- Cuando la luz declina, dorada y melancólica en las tardes de septiembre, los viñedos de la Ribera del Duero se convierten en un tapiz vibrante de verdes, ocres y púrpuras. Entre los pámpanos que respiran el aire del río y los suelos pedregosos que guardan memoria de siglos, aparece la figura de José Moro, firme, atento, con los pies hundidos en la tierra y la mirada al horizonte. La vendimia ha llegado, y con ella el instante sagrado donde la uva se entrega al hombre para transformarse en vino.
Eduardo Fernández / Castrillo de Duero (Valladolid) / Fotos: CEPA 21
Hace apenas una generación, las tijeras apenas se alzaban hasta octubre. Hoy, el calendario adelanta su paso: la vid madura antes, los soles apresuran los ciclos, y la Tempranillo encuentra refugio en suelos altos, orientados al norte, donde la frescura equilibra el calor y el fruto alcanza la plenitud sin perder su esencia. En esas tierras de arcilla y canto rodado, la vid se aferra a la vida y ofrece racimos apretados que guardan en su piel el secreto de los grandes vinos.
En este 2025, Cepa 21 vuelve a abrir sus puertas para compartir la emoción de la cosecha con quienes quieran vivirla en primera persona. En el Taller de Vendimia, visitantes de todas las edades se calzan la experiencia de cortar uva con las manos, llenar cestos como antaño, hundir los pies en los lagares para sentir el jugo tibio del mosto resbalando entre los dedos.
La jornada arranca temprano: paseo entre viñedos, conversación con los viticultores, recolección manual, pisado tradicional, cata de los vinos jóvenes y un encuentro con la gastronomía local. Los adultos degustan Hito y Cepa 21; los niños, mosto recién exprimido y un picoteo pensado para ellos. No se trata solo de probar vino, sino de tocar la esencia misma de la Ribera: la tierra, el trabajo y la celebración compartida.
Durante las semanas que van del 19 de septiembre al 12 de octubre, cada viernes, sábado y domingo, la bodega se convierte en escenario vivo de esta liturgia. Dos horas bastan para que el visitante comprenda que la vendimia no es un gesto mecánico, sino un acto poético en el que la naturaleza y el ser humano se estrechan las manos.



Comunión con la tierra
José Moro insiste en que un gran vino es siempre un acto de comunión con su origen. Cada cepa cuenta una historia de resistencia: en suelos pobres y pedregosos, donde apenas parece posible la vida, la vid se alza orgullosa. La altitud y la orientación norte se convierten en aliados para que la uva madure despacio, equilibrando frescura y estructura.
La arquitectura de la bodega, integrada en la ladera, responde a la misma filosofía: respeto por el paisaje, cuidado del entorno, compromiso con la biodiversidad. Aquí no se busca cantidad, sino calidad; no se fuerza a la viña, se la acompaña. La vendimia temprana ya no es un atrevimiento, sino una decisión que revela la grandeza del fruto en el momento exacto.
Este septiembre, las uvas cuelgan como pequeños astros púrpura. El rocío matinal les regala brillo de cristal, y el aire transporta un perfume a hoja mojada y tierra húmeda. Al caminar entre las hileras, José Moro escucha el crujido de los granos bajo las tijeras, percibe el silencio expectante del campo, siente el pulso del tiempo detenido.
La vendimia no es sólo recolección: es un poema escrito a tijeretazos y risas, un verso que nace en cada cesta llena, una confesión que se hace pisando descalzo el mosto. Cuando la fruta se entrega al corte, cuando la piel revienta en jugo, la tierra habla con voz ancestral: “Estoy aquí, sigo contigo”. Y el vino será su eco.
La cosecha de este año promete equilibrio: fruta fresca, estructura firme, recuerdos minerales que solo el Duero sabe regalar. El clima, siempre imprevisible, ha puesto a prueba la paciencia y la esperanza. Pero cada vendimia encierra una certeza: el vino será memoria líquida de lo vivido.

Malabrigo y Cepa 21 aumentan un 30%
La poesía de la vendimia convive con la contundencia de los números. Cepa 21 cerró el último ejercicio con un crecimiento del 19,7 % en su facturación, consolidando su posición en un mercado cada vez más competitivo. Sus vinos insignia, Cepa 21 y Malabrigo, crecieron un 29,5 %, reafirmando su condición de emblemas de calidad.
En el extranjero, las ventas avanzaron un 24,15 %, con un impulso especialmente fuerte en Latinoamérica, donde el crecimiento alcanzó el 31,8 %. También el mercado nacional ha respondido con fuerza: las grandes superficies experimentaron un incremento del 35,11 %, prueba de que el proyecto trasciende el nicho y se abre al gran público.
Estos resultados son reflejo de una visión clara: innovar sin olvidar la raíz, crecer sin perder la identidad, internacionalizar sin renunciar a lo local. Cepa 21 ya no es solo una bodega, es un ecosistema que incluye enoturismo, gastronomía y cultura. Un lugar donde el vino es centro, pero no único destino.
Relato, herencia y compromiso
Al caer la tarde, cuando el sol se repliega tras las colinas y los racimos ya descansan en las cestas, la Ribera del Duero se convierte en un escenario de silencio. La vendimia se guarda en los depósitos, pero su eco se queda en la memoria.
José Moro sabe que cada botella que nacerá de esta cosecha no es solo bebida: es relato, herencia, compromiso. En cada copa habrá un trozo de terruño, un reflejo del río, un instante de comunión entre hombre y naturaleza. Porque en la Ribera, el vino no se produce: se vive, se canta, se recuerda.
Y en Cepa 21, bajo el liderazgo de Moro, esa comunión con la tierra se convierte en poesía embotellada, en promesa eterna de que la esencia del Duero puede viajar por el mundo sin dejar de pertenecer a su raíz.

18 años de tradición y avances
2007 – Nace Cepa 21
José Moro, tras décadas de experiencia en el mundo del vino, decide fundar su propio proyecto en Castrillo de Duero (Valladolid), en plena Ribera del Duero. La filosofía inicial es clara: unir tradición y vanguardia, creando una bodega innovadora pero enraizada en el terruño.
2007 – Lanzamiento de Cepa 21
El primer vino de la casa ve la luz el mismo año de fundación. Elegante, con Tempranillo como columna vertebral, se convierte rápidamente en la carta de presentación del proyecto.
2009 – Llega Malabrigo
Procedente de un viñedo singular que da nombre al vino, se presenta como el tinto de parcela más emblemático de la bodega. Potente, profundo, es el vino que mejor resume el carácter del Duero más intenso.
2010 – Se estrena Hito
Pensado como el vino más fresco y joven de la gama, mantiene la identidad de la Tempranillo pero con un perfil accesible y vivo. Hito representa el contacto inicial del público con la bodega.
2012 – Nace Hito Rosado
Una propuesta distinta en Ribera del Duero: rosado elaborado con la misma exigencia que los tintos, buscando elegancia y equilibrio.
2016 – Consolidación internacional
Cepa 21 da un salto en exportación, con presencia cada vez mayor en Latinoamérica, Norteamérica y Europa.
2017 – Reconocimiento de prestigio
Los vinos de la bodega entran en listados internacionales y obtienen puntuaciones elevadas en guías de referencia. Malabrigo y Cepa 21 empiezan a destacar como tintos de culto en el mercado nacional.
2019 – Impulso al enoturismo
Se refuerza la oferta de visitas, catas y experiencias gastronómicas, situando a la bodega como un referente enoturístico de la Ribera.
2021 – Apertura a nuevas propuestas
Cepa 21 apuesta por una visión más experiencial: catas temáticas, talleres de vendimia, maridajes con producto local. La bodega se convierte en espacio de encuentro entre vino, cultura y territorio.
2024 – Año histórico en cifras
La facturación crece casi un 20 %, con fuerte impulso de las ventas internacionales y de los vinos icónicos.
2025 – Vendimia temprana con Taller de Vendimia
Se inaugura una nueva edición del taller que acerca a familias y visitantes a la vendimia manual, el pisado de la uva y la cata de vinos en el propio viñedo.