• La campaña de septiembre abre una nueva etapa en la pesca recreativa española. El desarrollo de la Ley 5/2023 mediante el Proyecto de Real Decreto de medidas de gestión de los recursos pesqueros endurece las condiciones de una afición masiva: licencias más estrictas, declaración electrónica obligatoria de capturas, sanciones severas y nuevas especies vedadas. El mar se convierte en un espacio regulado como nunca antes, con el equilibrio entre ocio, economía y conservación como trasfondo.
  • La pesca recreativa desde embarcación se enfrenta a su mayor transformación legal

Eduardo Fernández / Málaga / Terabithia Press / Fotografías cortesía de Revista Entre Cañas

Las madrugadas en los puertos mediterráneos siempre han tenido el mismo ritual: el rumor de los motores, las cañas preparadas, los pescadores charlando antes de hacerse a la mar. Pero este septiembre de 2025 el ambiente es distinto. En las Baleares, la reapertura de la pesca del raor está marcada por una normativa estricta: límites de capturas, obligación de declarar cada ejemplar, sanciones elevadas.

“Es como si hubiéramos entrado en otra era”, confiesa Joan Torres, pescador aficionado de Formentera. “Antes salías, pescabas lo que podías y volvías a casa con un cubo lleno. Ahora todo pasa por la aplicación, por las normas, por la burocracia. Es más incómodo, pero al menos sabemos que los raors seguirán ahí el año que viene”.

El cambio no es aislado. Es la aplicación práctica de un giro de fondo en la política pesquera española: la Ley 5/2023 de pesca sostenible e investigación pesquera y el Proyecto de Real Decreto XX/2025, que actualiza la normativa vigente desde 2011. A partir de ahora, la pesca recreativa desde embarcación en aguas exteriores ya no será invisible ni marginal: estará regulada, registrada y controlada con el mismo rigor que la pesca comercial.


Una afición masiva con rostro humano

La imagen del pescador solitario en un barco pequeño ya no describe a la pesca recreativa española. Se trata de una actividad masiva que mueve turismo, náutica deportiva, economía local y hasta identidad cultural.

Según estimaciones ministeriales, más de un millón de españoles practican pesca recreativa cada año. En comunidades como Galicia, Canarias o Baleares, representa una parte central de la vida costera. “No somos cuatro amigos con cañas: somos miles de familias que giran en torno a esta afición”, recuerda un representante de la Administración, crítico con el estado ,legislativo anterior, que prefiera mantener el anonimato por razones evidentes: “Pero hasta ahora, la administración no trataba con la seriedad que correspondía a los pescadores deportivos: éramos invisibles en las estadísticas y en la gestión; lo importante, es que acabemos de una vez por todas con una práctica ilegal: la venta de pescado a espuertas a restaurantes de lujo por parte de ‘supuestos’ pescadores deportivos o recreativos”.

Ese vacío ha terminado. La nueva ley y su reglamento ponen bajo control lo que hasta ahora quedaba difuso. Y aunque el sector lo recibe con cautela, muchos admiten que se hacía necesario. “En el puerto todos sabemos de gente que vende en negro sus capturas. Eso daña a los profesionales y a nosotros mismos”, admite Carmen López, pescadora deportiva en Málaga. “Si cortar la cola al pez evita que se meta en el mercado, bienvenido sea. «Pero igual no es suficiente. Estoy harta de ver cómo en determinados restaurantes de Marbella se sirve pescado que ha sido encargado a pescadores particulares para tenerlo de calidad, pero pagarlo a menor precio que en la lonja. Esto perjudica a todos”, denuncia una hostelera malagueña.


El marco legal: un real decreto que transforma la práctica

El Proyecto de Real Decreto XX/2025, en fase de tramitación, desarrolla los títulos II y V de la Ley 5/2023. Entre sus artículos se encuentran las principales novedades:

  • Licencia vinculada a la embarcación (validez de tres años).
  • Autorización especial para especies bajo protección diferenciada, como atún rojo o pez espada.
  • Registro nacional digital de embarcaciones y licencias, alimentado por los registros autonómicos.
  • Declaración obligatoria y electrónica de todas las capturas, incluidas las de “captura y suelta”.
  • Marcaje físico de las capturas (corte de aleta o ala en cefalópodos).
  • Especies prohibidas (pulpo en ciertas zonas, crustáceos, tiburones amenazados).
  • Sanciones que alcanzan los 300.000 euros.

El texto también regula concursos deportivos, que deberán solicitar autorización previa y remitir un parte detallado de capturas.

“Estamos ante un salto histórico”, explica María del Carmen Roldán, directora general de Recursos Pesqueros del Ministerio. “La pesca recreativa se incorpora de lleno a la gestión científica y administrativa. No es un castigo, sino un reconocimiento: ahora contamos con datos reales para conservar el mar”.


Biodiversidad en el centro

La ley no solo busca controlar, sino conservar. Por primera vez, se vincula la pesca recreativa al principio del rendimiento máximo sostenible y al enfoque ecosistémico. Esto significa que cada decisión —desde fijar tallas mínimas hasta cerrar vedas— se toma en función de la salud del ecosistema en su conjunto, no solo del stock de una especie.

“El Mediterráneo es un mar sobreexplotado”, recuerda la investigadora Elena Barcala. “Cada pez que se saca tiene un valor añadido, porque son poblaciones muy presionadas. La única forma de garantizar futuro es reducir esfuerzo, incluso en la pesca recreativa”.

Los ecologistas celebran las nuevas medidas. “Por fin hay reglas claras”, aplaude Xisco Sobrado, de GEN-GOB. “Ampliar reservas marinas, exigir licencias y limitar capturas es la única forma de evitar que nos quedemos con un mar vacío”.


Declarar para seguir pescando

La novedad más comentada entre los pescadores es la obligación de declarar electrónicamente todas las capturas, incluidas las que se devuelven al mar. “Yo no tengo ni idea de usar aplicaciones”, se queja Miguel Ángel Fernández, jubilado y aficionado en Santander. “Tendré que pedirle a mi nieto que me ayude cada vez que pesque una lubina”.

La administración es consciente de la dificultad, pero insiste en que es el único camino. “Sin datos reales no hay gestión posible”, insiste Roldán. “La pesca recreativa en su conjunto puede igualar el impacto de la flota artesanal. No podemos seguir gestionando a ciegas”.


El debate de la llampuga

La llampuga es hoy símbolo de las contradicciones. En Baleares se permite su captura sin talla mínima, hasta 10 kilos o cinco piezas al día. Pero en Canarias, el mismo pez alcanza los 30 kilos tras completar su ciclo migratorio.

“Estamos pescando adolescentes, cuando podríamos esperar a los adultos”, denuncia Elena Barcala. “Es legal, sí, pero no sostenible”.

Los pescadores defienden la tradición. “La llampuga es parte de nuestra cultura gastronómica”, replica Pep Salom, patrón mallorquín. “No podemos eliminarla de golpe. Si hay que limitar, que se haga poco a poco y con alternativas”.

El pescador deportivo Daniel Cerezal muestra una llampuga capturada el otoño pasado desde costa rocosa en Tenerife. Este pescador explica que «cuando en otoño llegan las primeras lluvias, las aguas comienzan a enfriarse y las consta canarias, empiezan a recibir la visita de unos pelágicos increíbles, los Mahi Mahi. Comúnmente conocidos por, Dorados o Llampugas, estos peces, ofrecen uno de los más espectaculares combates que podemos disfrutar en la pesca. Tanto es así, que todo aquel que consigue capturar uno de estos peces, queda enganchado a su pesca de por vida.
Un mahi mahi, echado a tierra desde un roquedo de la zona noroeste de Tenerife Foto: Dani Cerezal

Atún rojo: del colapso a la tentación

El atún rojo se ha convertido en una historia de éxito y riesgo. Tras años de sobreexplotación, las poblaciones se recuperan gracias a cupos internacionales estrictos. Pero esa abundancia atrae a embarcaciones recreativas que lo capturan ilegalmente.

“Cada verano decomisamos atunes troceados para que no se detecten en puerto”, explica un inspector de la Guardia Civil en Girona. “El mercado negro paga muy bien, y algunos recreativos se la juegan”.

“Es una barbaridad”, denuncia el oceanógrafo José Luis Cort. “Hemos tardado una década en recuperar el atún. Si se relaja el control, volveremos al colapso”.


Pulpo y raor: el pulso local

En Andalucía, la pesca del pulpo está prohibida para recreativos, pero las inspecciones cada verano detectan capturas ilegales. “Nos jugamos multas de 3.000 euros, pero muchos lo hacen igual”, admite un aficionado en Almería que prefiere no dar su nombre.

En Baleares, el raor se ha convertido en emblema de gestión sostenible: cupos claros, sanciones duras y obligación de declarar. “Si no lo hacemos, el raor desaparece”, admite Joan Torres.

Una transformación cultural

Lo que está en juego no es solo una normativa, sino una forma de entender el mar. La pesca recreativa pasa de ser un pasatiempo libre a una actividad corresponsable.

“Nos toca madurar como colectivo”, admite Antonio Gámez desde la Federación. “Si queremos que nuestros hijos sigan pescando, tenemos que aceptar controles. No es perder libertad: es ganar futuro”.

Para los científicos, es el único camino. “El mar no es infinito”, sentencia Elena Barcala. “Cada pez que dejamos crecer es un seguro de vida para el ecosistema”.


pescar menos para seguir pescando

El Proyecto de Real Decreto XX/2025, en desarrollo de la Ley 5/2023, marca un antes y un después. Licencias digitalizadas, registros nacionales, declaraciones obligatorias, sanciones duras y prohibiciones amplias.

El mar, tradicional refugio de libertades, se convierte ahora en un espacio normativizado. Y aunque muchos lo vean con nostalgia, el objetivo es claro: pescar menos hoy para poder seguir pescando mañana.

“Cuando voy con mi nieto y le enseño a lanzar la caña, pienso que ojalá él también pueda llevar a su nieto”, confiesa el veterano Miguel Ángel Fernández. “Si para eso tengo que declarar mis capturas, lo haré encantado”.

Diferencias normativas entre comunidades autónomas

La pesca recreativa marítima en España se regula en dos niveles:

  • Aguas interiores (primeras 12 millas desde la costa): competencia de las comunidades autónomas.
  • Aguas exteriores (más allá de esas 12 millas): competencia exclusiva del Estado, regulada actualmente por el Real Decreto 347/2011 y, en el futuro, por el nuevo Real Decreto de desarrollo de la Ley 5/2023.

Esto genera un mosaico normativo en el que cada comunidad autónoma introduce reglas específicas en función de su realidad biológica, cultural y socioeconómica.


Normativa común básica

Todas las comunidades autónomas exigen:

  • Licencia de pesca recreativa.
  • Respeto a las tallas mínimas y a las vedas de determinadas especies.
  • Prohibición de comercializar las capturas.
  • Limitaciones de artes y aparejos (generalmente, cañas y líneas limitadas).

Baleares: el laboratorio más estricto

El archipiélago balear es la comunidad con la regulación más avanzada y restrictiva en materia de pesca recreativa:

  • Especies emblemáticas reguladas: raor, llampuga, serviola.
  • Límites muy concretos:
    • Raor: 50 por persona, 300 por embarcación.
    • Llampuga: 10 kg o 5 ejemplares por persona y día.
  • Obligación de declarar capturas en determinadas especies y campañas.
  • Sanciones muy elevadas: pueden superar los 300.000 € en casos graves.
  • Zonas de reserva marina muy amplias (es la comunidad que más superficie marina tiene bajo protección en el Mediterráneo).

“En Baleares la pesca recreativa está totalmente normalizada como actividad de impacto”, resume un inspector de la Conselleria balear.


Canarias: regulación singular por la insularidad

En el archipiélago canario, la normativa es distinta en varios aspectos:

  • Especies específicas de gran valor cultural y gastronómico: viejas, sama roquera, petos o meros.
  • Autorizaciones especiales para la pesca recreativa del atún rojo, con cupos diferenciados.
  • Limitaciones de capturas menos severas en algunas especies que en Baleares, aunque con control estricto en otras como los túnidos.
  • Vedados determinados artes tradicionales (por ejemplo, el “volantín eléctrico”) en aguas interiores.
  • Reservas marinas: Lanzarote, La Graciosa, La Palma o El Hierro cuentan con zonas protegidas donde la pesca recreativa está muy limitada o prohibida.

En Canarias no existe un control tan rígido sobre la llampuga como en Baleares, pero sí sobre especies de arrecife muy presionadas por el turismo.


Cataluña

  • Prohibición de cebo vivo en la pesca recreativa.
  • Normativa 2025-2027 con 44 especies bajo gestión específica.
  • Prohibición de tenencia de tiburones y marrajos.
  • Cupos específicos para dorada, lubina y merluza.

Andalucía

  • En el Mediterráneo andaluz, la pesca recreativa del pulpo está prohibida.
  • Límites estrictos de capturas en cefalópodos en el Atlántico.
  • Controles reforzados en el Golfo de Cádiz, donde se mezcla flota profesional y recreativa.

Galicia

  • Gran peso de la pesca desde costa, además de la embarcación.
  • Especies clave: sargo, robalo (lubina), maragota.
  • Se aplican vedas estacionales para el percebe incluso en recreo.

Diferencias principales Baleares vs. Canarias

  • Baleares:
    • Regulación más estricta en capturas y declaración.
    • Campañas específicas con límites muy detallados (raor, llampuga).
    • Mayor número de reservas marinas.
  • Canarias:
    • Regulación adaptada a especies tropicales y de arrecife.
    • Cupos especiales para túnidos.
    • Prohibición de artes concretos más que límites de ejemplares en algunas especies.
    • Menor énfasis en tallas mínimas de llampuga, aunque con restricciones para otras especies locales.

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Los dorados del Atlántico que unen Baleares con Canarias

C. Fint de Böer / Santa Cruz de Tenerife / Foto: D. Cerezal

La llampuga es un pez pelágico de aguas cálidas que destaca por su rápido crecimiento y sus grandes migraciones. Su ciclo vital comienza en el mar abierto, donde se reproduce en primavera y verano, principalmente en aguas templadas y subtropicales del Atlántico y del Mediterráneo. Las hembras son muy fecundas y pueden desovar varias veces a lo largo de la temporada, liberando miles de huevos que flotan en la superficie y eclosionan en pocos días.

En el Mediterráneo occidental, especialmente alrededor de Baleares, los juveniles aparecen a finales de verano y principios de otoño. Es en esa época cuando se explota la pesquería artesanal de “llampuga con caballitos”, que consiste en atraer a los bancos juveniles con objetos flotantes y capturarlos con redes. Estos ejemplares suelen medir entre 15 y 40 centímetros y se alimentan de pequeños peces y crustáceos.

Con la llegada del invierno y la caída de la temperatura por debajo de unos 18 grados, la especie abandona el Mediterráneo. A través del Estrecho de Gibraltar migra hacia el Atlántico oriental, desplazándose rápidamente gracias a su cuerpo hidrodinámico y su aleta dorsal continua, que le permiten nadar con gran velocidad. En cuestión de semanas, puede recorrer largas distancias y alcanzar aguas próximas a Canarias, donde se concentran en grandes cardúmenes.

En las islas, la llampuga es muy apreciada y llega en abundancia, alcanzando tallas mayores que en el Mediterráneo. No es raro que se registren capturas de entre 80 centímetros y un metro, aunque los ejemplares excepcionales pueden superar los 20 kilos de peso. De hecho, en aguas de Canarias se han documentado ejemplares de hasta 210 centímetros de longitud y más de 30 kilos, considerados récords para la especie en la región. Su paso suele producirse entre finales de otoño e invierno, coincidiendo con la migración desde el Mediterráneo y con la presencia de aguas más templadas en torno al archipiélago.

En Canarias y en buena parte del Atlántico la especie es conocida como mahi mahi, un nombre que procede del hawaiano y significa literalmente “fuerte-fuerte” o “muy fuerte”. Hace referencia tanto a la resistencia del pez cuando se captura como a la intensidad de sus colores dorados, verdes y azules que brillan vivos en el agua y se apagan rápidamente tras la muerte.

Biológicamente, la llampuga es un ejemplo de pez de vida corta y crecimiento acelerado. Rara vez supera los cuatro años de edad, pero en ese tiempo alcanza tallas que otros peces tardarían décadas en lograr. Su dieta es amplia y voraz: se alimenta de peces voladores, caballas, sardinas, calamares y casi cualquier presa que encuentre en superficie. Esta estrategia, unida a su reproducción continua en aguas cálidas, explica tanto su abundancia como su importancia pesquera.

El dorado, un viajero incansable del océano, un pez que nace en el Mediterráneo, crece con rapidez y se desplaza hacia Canarias y otras regiones atlánticas, donde llega en grandes bancos y bajo distintos nombres. Entre todos, el de mahi mahi es el que mejor resume su naturaleza: un animal poderoso, luminoso y efímero, símbolo de la riqueza de las aguas cálidas.

‘Growth overfishing’: gran parte de la llampuga que se pesca en el Mediterráneo ni siquiera ha tenido la oportunidad de reproducirse una vez

Su biología es singular: crece de forma muy rápida y forma grandes bancos bajo objetos flotantes, lo que facilita su captura con artes tradicionales como los “plantados” o “capçers”. Sin embargo, precisamente esta biología es el origen de la polémica que rodea a su pesca.

La mayor parte de las capturas en Baleares, Comunidad Valenciana y otras zonas del Mediterráneo occidental corresponden a ejemplares juveniles que apenas tienen unos meses de vida. El problema es que, en muchos casos, estos peces aún no han alcanzado la madurez sexual, situada en torno a los 55-60 centímetros de longitud. Dicho de otro modo: gran parte de la llampuga que se pesca en el Mediterráneo ni siquiera ha tenido la oportunidad de reproducirse una vez.

Las normativas recientes intentan poner cierto orden en esta situación. En Baleares, donde la pesquería es más importante, la campaña se limita al periodo comprendido entre finales de agosto y diciembre, con controles estrictos sobre el número de embarcaciones, los cupos diarios y la distancia mínima a los plantados para las embarcaciones recreativas. Además, desde 2024 la Unión Europea y la Comisión General de Pesca del Mediterráneo han fijado una talla mínima de captura de 35 centímetros para la pesca con plantados, con una pequeña tolerancia para ejemplares más pequeños. En el caso de la Comunidad Valenciana, las normas son similares para la flota profesional y, para la pesca recreativa, se establecen cupos diarios de 10 kilos o 5 piezas por persona entre el 15 de agosto y el 31 de diciembre, sin exigencia de talla mínima.

Estas reglas suponen un avance, pero no resuelven el fondo del problema: se sigue permitiendo pescar llampugas que no han alcanzado la madurez. Biólogos marinos e ictiólogos advierten que esto conduce a una explotación “de crecimiento”, es decir, que se extrae el recurso antes de que pueda aportar el máximo rendimiento biológico y económico. Varias organizaciones ecologistas y científicas han reclamado elevar la talla mínima para acercarla a la talla de madurez, regular mejor el uso de plantados y proteger los hábitats donde se concentran los juveniles.

Desde el sector pesquero balear también se han alzado voces. Muchos profesionales han aceptado medidas de autorregulación, como limitar las capturas diarias para evitar hundir los precios con exceso de pescado pequeño. También se han quejado de la presión de la pesca recreativa en torno a los plantados, lo que genera tensiones entre ambos colectivos.

¿Está en peligro la especie? A nivel global, la llampuga no se considera amenazada y las evaluaciones internacionales señalan que, en el Mediterráneo, la población se encuentra en buen estado si se mantienen los límites de capturas y esfuerzo. Pero los expertos insisten en que capturarla de forma masiva cuando aún es juvenil no es sostenible a largo plazo y empobrece el rendimiento de la pesquería. La polémica, por tanto, no es tanto sobre el riesgo de extinción, sino sobre la oportunidad perdida de dejar crecer a este pez veloz y luminoso para que aporte mayor valor ecológico y económico.

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