LA LUCIÉRNAGA,

LA LUZ MÁS EFICIENTE

EUGENIO FERNÁNDEZ

Crónicas de Fauna / Terabithia Press

Las luciérnagas están entre los insectos más conocidos por su capacidad para emitir luz. Se trata de coleópteros de la familia Lampyridae, que consta de unas 1.900 especies distribuidas en climas templados y tropicales de América y Eurasia.

Como es bien sabido, las luciérnagas usan esta luz para realizar el cortejo entre machos y hembras. Existe todo un “código” de comunicación basado en estas luces, que ponen en contacto ambos sexos para realizar el apareamiento. Pero no es de la biología de las luciérnagas de lo que voy a hablar aquí, sino de un hecho singular:

La luz emitida por las luciérnagas es la más eficiente del mundo, puesto que prácticamente el 100% de la energía que se invierte en su producción se convierte, en efecto, en la luz fría que característicamente produce este insecto. Para que os hagáis una idea, la lámpara más eficiente desarrollada por el ser humano tiene una eficiencia del 23%. En un mundo en el que las palabras “crisis energética” empieza a hacerse ya normal, y donde el 5% del calentamiento global proviene de la iluminación eléctrica, merece la pena echarle un vistazo más detallado a este fenómeno zoológico, a este humilde insecto que nos da lecciones a los humanos.

Lo primero de todo es entender cómo las luciérnagas producen su luz. Ésta se produce en el interior de los dos últimos segmentos abdominales, mediante la oxidación de una sustancia orgánica llamada luciferina. El oxígeno imprescindible lo proporciona el insecto a partir de la respiración, y para que la reacción química tenga lugar, se necesita la presencia de la enzima luciferasa, iones de magnesio y otra sustancia de origen celular interno denominada adenosin trifosfato. Esta reacción química produce luz.

¿Por qué la bioluminiscencia es considerablemente más eficiente que los sistemas de alumbrado que los humanos usamos hoy?

Sencillamente porque los sistemas humanos usan electricidad. Tanto si la lámpara es LED como de descarga como, antiguamente, de incandescencia, los sistemas de alumbrado se basan en la transformación de energía eléctrica en energía luminosa. La energía eléctrica forzosamente pierde parte de su potencia en los conductores eléctricos que la transportan hasta las luminarias, y una vez en éstas, pierden el grueso de la potencia eléctrica en producir algo: recombinación electrónica en lámparas LED o descargas ionizantes en gases, caso de lámparas de descarga.

La bioluminiscencia no usa electricidad sino que usa el oxígeno que aporta la respiración del animal que, al ser muy pequeño, forzosamente ha de perder poca potencia. La química hace el resto de su magia. En realidad, no es del todo exacto el que la oxidación de la luciferina no use electricidad, más bien la “produce” en un estadio intermedio que, a su vez, provoca la liberación de fotones (que es la luz que observamos), pero sí es exacto decir que no usa electricidad externamente suministrada.

¿Puede usarse este principio químico para fabricar lámparas mucho más eficientes? Para empezar, la reacción química básica de la bioluminiscencia ya se ha conseguido “in vitro”, por lo que ahora lo que hace falta es la voluntad política y la investigación en ciencia y tecnología para lograr un método de fabricación que sea comercial e industrialmente rentable.

¿Os imagináis un sistema de alumbrado 100% eficiente, completamente independizado de cualquier red eléctrica? La Naturaleza nos marca el camino, si no la destruimos antes.

 

Fotos / Agencias – Nanacamilpa – A. Fdez Sanandrés

Work

terabithia world’s wildlife photography

En el arte de la fotografía, que es por excelencia el arte de la oportunidad, una sola golondrina suele hacer todo el verano.

Sin embargo, también como las golondrinas, esa sola fotografía sumaria no hubiera sido posible sin todas las otras

gabriel garcía márquez

Periodista

Nobel de Literatura 1982